¿Qué es la fotografía contemporánea? IV

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Definición de fotografía contemporánea

No te pierdas las tres entregas anteriores sobre mi visión del concepto de fotografía contemporánea.

¿Qué es la fotografía contemporánea? Parte I

¿Qué es la fotografía contemporánea? Parte II

¿Qué es la fotografía contemporánea? Parte III

Lo conceptual

Si la reflexión sobre lo conceptual implica convertirlo en un problema, hagámoslo, puesto que se vuelve necesario cuestionar a la fotografía, y al sujeto como fotógrafo, ya que mira y se dedica a construir miradas subjetivas en el contexto actual. Éste, convierte en controversia esa acción fotográfica, en tanto “contemporánea”, como proceso creativo en constante diálogo con lo que refleja, a la vez que transforma ese diálogo a través de su mirada fotográfica.

Se realiza así la producción de imágenes en el sentido creativo de su propia mirada (la del fotógrafo, totalmente subjetiva), con un sentido social, anclado en lo “actual” como recuperación simbólica de un lenguaje visual de su época. Asume, por lo tanto, un profundo diálogo, a veces monólogo, con las crisis y complejidades propias de la sociedad en la que vive.

Podríamos divagar sobre las respuestas posibles a las siguientes cuestiones: ¿Es posible preguntarse si existe una mirada más o menos contemporánea? ¿Qué es lo propiamente contemporáneo? ¿Es posible llevar o ampliar la pregunta acerca de la fotografía contemporánea a los sujetos contemporáneos?  Reflexionar acerca de su condición humana, su estado en relación con el “arte contemporáneo”, como manifestación que está en torno al conflicto social actual y que crea y sensibiliza realidades. Esas mismas que crean crisis de identidad, de derechos, necesidad de nuevos sentidos…pero sobretodo: de qué, para quienes, entre quienes.

Podemos preguntarnos acerca del término “producción de imágenes”, y la necesidad de multiplicar ojos para la recepción de qué imágenes; o si se trata de crear o creer en nuevos modos de mirar, en el proceso de construcción de una mirada propia, socialmente instalada.

Y anejo a esto, ¿qué es “lo que se mira” y qué es “lo que se ve” actualmente?, ¿qué sucede con lo que no está siendo mirado? O, más importante aún: lo que se está viendo… ¿está siendo mirado?

Así mismo, es válido preguntarse entonces quién fotografía. Qué se está fotografiando. Cómo se está fotografiando. Y desde dónde, desde qué “realidades” se realiza; grandes ciudades, lo urbano, lo rural, entre tantas otras “realidades”.  También cabría preguntarse quién es “el que ve” y de qué modo lo ve, qué imágenes tienen difusión ¿Y cuando el fotografiado es el observador? ¿Quién es el mirado? ¿Quién es el fotografiado? ¿Quién fotografía al fotógrafo? La imagen como sentido y acceso a qué visión, y a qué realidad, según lo tome qué ojo, qué espectador. Y de ahí, surgen debates enraizados en la imagen producida como “realidad útil” o no, a qué cosas o sujetos; o bien, cuál es una imagen bella y cuál no (otra subjetividad apegada al ojo visionador). Qué es representativo de qué y qué no.

Todo esto construye nuevas realidades, anclajes, posturas, y, a su vez, nuevas visiones, espectadores y formas de construir miradas; miradas como realidades que se imponen y producen otras nuevas.

 EL MERCADO DEL ARTE

Es sumamente difícil dar una definición de la fotografía contemporánea, como dije en un principio. Primero porque es complicado delimitar el concepto mismo de lo “contemporáneo”. En arte, puede significar lo actual pero también hace referencia a toda manifestación artística surgida a comienzos del siglo XX, o después de la 2º guerra mundial (1945) o bien tras la caída del muro de Berlín (1989). Aunque muchos, no estoy entre estos, también ubican su nacimiento tras el atentado a las Torres Gemelas en 2001.

Gabriel Bauret en su libro De la fotografía, sostiene que en el siglo XIX, “en cada sitio hay que ir a lo esencial, donde se encuentre un documento seguro para ser fotografiado y cuyo valor sea incuestionable”. Al leer esto, lo primero que acude a mi mente es en que en la fotografía contemporánea todo se da con mayor espontaneidad, no es necesario acudir al “ente seguro” ya que este puede encontrarse en cualquier lugar. Pero creo que la diferencia principal con la fotografía del siglo XIX es que el valor de cada imagen pasó a ser cuestionable. Hoy, fotografía no es equivalente a reportaje, sino que es algo más amplio. Debido al desarrollo de las nuevas tecnologías, todo parece ser “fotografiable” y “publicable” por cualquier persona. Es por eso que se rompe con la idea de la fotografía como algo incuestionable y se abre el debate sobre qué es una buena imagen y qué no.

“En cada sitio hay que ir a lo esencial, donde se encuentre un documento seguro para ser fotografiado y cuyo valor sea incuestionable”.

En la actualidad, con las técnicas y herramientas de retoque fotográfico no se puede hablar de fotografía como reflejo de la realidad, porque siempre está la duda de una posible intervención (más fácil, pero no olvidemos que el “retoque” siempre ha existido). Pero en la fotografía contemporánea eso está aceptado, cada vez más las imágenes se ven intervenidas y son ampliamente aceptadas y catalogadas como “modernas” y  aquí es cuando aparece la oposición entre la fotografía “artística” en contraposición a la fotografía “documental”.

Otra cosa que generó el desarrollo de estas herramientas de retoque es que cada vez más la fotografía se parezca a la publicidad. Es decir que muestre algo que se note que es claramente una producción preparada. Y en la fotografía contemporánea eso también está aceptado.

Jorge Ribalta sostiene en su ensayo “Para una cartografía de la actividad fotográfica posmoderna” del libro Efecto Real, debates posmodernos sobre fotografía, que la actividad fotográfica posmoderna es un fenómeno que no puede separarse del mercado del arte. Ribalta dice que con el auge de la fotografía en los años ochenta, esta pasa a tener un lugar predominante como lo tuvo la pintura en años anteriores. El debate está abierto y nos hace preguntarnos: debido a esto, ¿la fotografía pasa a ser parte de la alta cultura, de las bellas artes? O al verse inmersa en el mercado, ¿la fotografía no pierde valor como producto artístico y cultural?

Foto: Mysym

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