¿QUÉ ES FOTOGRAFÍA CONTEMPORÁNEA? III

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¿Qué es la fotografía contemporánea?

No te pierdas las dos entregas anteriores sobre mi visión del concepto de fotografía contemporánea.

¿Qué es la fotografía contemporánea? Parte I

¿Qué es la fotografía contemporánea? Parte II

Lo estético

Si queremos continuar con el análisis del conjunto, con el que he querido separar la fotografía contemporánea, no me queda otro remedio que formular una pregunta: ¿Cómo se puede pensar la fotografía en este mundo contemporáneo, en el cual prima lo inmaterial, lo hipertextual, el vacío y la muerte del arte? ¿Qué papel tiene en un mundo donde impera la representación, donde la imagen posee un lugar muy fuerte dentro de la comunicación? Aunque, si tan solo nos estancamos en lo que llegamos a llamar “ciencia de la comunicación”, entraremos en una vertiginosa espiral sin sentido; la fotografía es mucho mas, es un signo comunicativo, a la vez es un símbolo, puesto que se comunica y se comunica porque es un símbolo.

Sin embargo, en este camino de eternizar momentos, visibilizar lo invisible, perpetuar y documentar, la fotografía se torna fundamental a la hora de comunicar, denunciar y mucho más en el mundo de hoy, que circula y se representa a través de las imágenes (aunque, como veremos más adelante, pude ser usada como arma de desconcierto y mentira).

La fotografía genera un juego de miradas y en este juego de miradas existe una apropiación de las imágenes que involucra al espectador, donde unos se muestran como quieren ser vistos y otros miran lo que quieren ver. Pero más allá de sus impresionantes virtudes como moneda de cambio y especulación en el mundo de la permanente movilidad de las imágenes, la tarea de la fotografía es hacer habitables las burbujas metafóricas que nos envuelven, mostrar, eternizar hechos, poner en imágenes una infinidad de signos y símbolos que hacen a la comunicación. Por tanto, pueden hallarse algunas claves de su estética interna dentro del inmenso continente que existe bajo los grandes conceptos estéticos de hoy.

A raíz de esto se torna necesario tematizar el interés de las imágenes, pues una parte importante de los procesos comunicativos y de intercambio cultural de nuestra época se produce en relación con o a través de ellas. Con esto, el campo de las imágenes no agota, ni mucho menos, el universo de la comunicación, ni el intercambio cultural y estético: podríamos hablar de una multiplicidad de ámbitos comunicativos tan abierta que resulta difícil considerar completo un estudio que intente abarcarlo todo con la imagen.

Sin embargo, la imagen puede servir como posible hilo conductor al relacionar los diversos ámbitos que aparecen en juego. Podemos decir, al menos, que es uno de los fluidos que circulan en el interior de la comunicación y de la estética, uno de los polos magnéticos del discurso estético. Más aún en el mundo contemporáneo que funciona como la época de las imágenes donde la forma de sacar a la luz “las nuevas formas de las vidas y su representación” no puede prescindir de las imágenes como instrumento de expresión y comunicación. Por el contrario, se da una transformación de la imagen que apunta a una nueva configuración de lo visual, fuera de la centralidad tradicional de la visión, pero también de las visiones envolventes, atmosféricas y humeantes del mundo contemporáneo.

La “representación” contemporánea no abarca ya todas las manifestaciones de la imagen, pero perdura como fluido incluso en el texto, en la performance o en lo digital.

Efectivamente, si la representación fotográfica estuviera caracterizada por su subordinación al texto, por su dependencia de un tipo de sistema lingüístico más estable, como el verbal, para paliar su levedad y rapidez, entonces el análisis del lenguaje visual pondría de manifiesto sus inconsistencias. Pero si el tema del lenguaje visual nos reintroduce de lleno en el problema de la representación, también nos puede ayudar a releer la fotografía como un legítimo arte contemporáneo.

De hecho, de entre las artes de mayor calado y densidad político-filosófica, la fotografía protagoniza el origen de las propias transformaciones estéticas modernas. Es necesario, por tanto, realizar una revisión del lenguaje fotográfico para valorar la extensión de su estética hacia el espectador, verdadero protagonista en ella. Y nada mejor, por tanto, que recurrir a la semiótica para estudiar este tema: la interpretación de Peirce y de su concepto de índice llevada a cabo por Philippe Dubois y Rosalind Krauss, entre otros, en su acercamiento a lo expresivo y a lo no meramente significativo de la imagen, impulsan la necesidad de un estudio combinado entre semiótica, estética e historia del arte. Para complementar ese carácter lingüístico frío y recuperar aspectos que desde la estética y la historia del arte compensen su desequilibrio, el problema de la fotografía recupera la idea del inconsciente óptico y la inexorable “minúscula chispa de azar” destacada por Benjamín.

Como decía Barthes, “la fotografía muestra algo que estuvo ahí, pero que ya no volverá”, un abismo en que el lector de la fotografía se sitúa, de modo inconsciente pero dinámico, y que se enriquece progresivamente gracias a su memoria. De modo que el signo expresivo de la fotografía se hace especial en su desenvolvimiento, en su acción. Y la memoria es el nudo que une los elementos a partir de las punzadas del fragmento fotográfico. Y dentro de este movimiento y acción en el que circula la fotografía la estética se presenta como uno de los pilares fundamentales en el impacto que la imagen puede causar, el velo que lo envuelve todo.

La fotografía directa, de hecho, podía aislar tendenciosamente lo considerado «directo» por ella misma, anclarlo ideológicamente. Desde la fotografía más esencialista y el retrato estereotipado hasta la fotografía más inmediata, pudo darse (y de hecho, se ha dado) una clara estetización, protagonizada por el uso simbólico de la imagen. Al mismo tiempo, a base de su hibridación con lo comunicativo, la fotografía artística ha ido arrastrando al interior del universo del mercado sus propias imágenes creativas, para dar lugar a un universo de imágenes cada vez más suavizado y ficcional. Construyendo todo esto en conjunto la domesticación de la imagen que hoy constituye el paradigma de la fotografía contemporánea.

“La fotografía muestra algo que estuvo ahí, pero que ya no volverá…”

Foto: Mysym

fotografia contemporanea

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